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Mamá en acción: Lactancia

Entras en el mundo de la fascinación; todavía no puedes creer que de tu vientre haya salido ese ser tan perfecto y hermoso, cuando de pronto empiezas a transformar el agua en leche y tus pechos se llenan de ese dulce líquido que alimenta y acoge.



Al nacer tu bebé, empieza a alimentar su mente, consciente e inconsciente, de todo lo que le rodea. Tiene los sentidos del tacto, olfato, gusto, vista y oído muy desarrollados. El tacto se extiende a lo largo de nuestro órgano más grande (la piel), y los bebés se desarrollan mejor cuando esta es tocada. El punto de máxima sensibilidad táctil de tu bebé es la boca; a través de ella llora como haciendo un llamado al universo cuando tiene hambre, para luego succionar tu pecho con una sabiduría impresionante.

Las primeras horas saldrá calostro de tu pecho (la primera leche llena de anticuerpos, que fortalece su sistema inmunológico); además, la succión de tu bebé libera hormonas en tu cuerpo que ayudarán a que tu útero se contraiga más rápido luego del parto. Al nacer un bebé, reconoce la voz y olor de su madre.

Tu bebé lactará hasta sentirse saciado y espontáneamente dejará tu pecho. Probablemente se duerma o quiera continuar con el otro pecho (si no está interesado en el otro pecho, no hay problema). La leche del final es muy rica en grasas; es necesario que la tome para cubrir sus necesidades calóricas y para que pueda subir de peso fácilmente. Es muy importante también para ti que cada pecho se vacíe hasta el final de cada toma. La única forma que tienes de asegurar que tu bebé haya tomado la leche final del pecho es permitirle que deje el pecho por sí solo; no le fuerces a que tenga tiempos fijos de lactancia ni insistas en que tome de ambos pechos.

Aliméntalo cada vez que te dé pistas de que siente hambre, por lo menos de ocho a doce veces al día. Mientras más leche toma tu bebé, más leche producirás; así que no te pierdas una sesión de lactancia ni pongas límite de tiempo a las sesiones. Al nacer tu bebé, tiene el estómago del tamaño de una nuez; entonces se llena muy rápido y toma poco. Finalmente sabrás que tu bebé está tomando lo suficiente cuando tengas cuatro o seis pañales mojados y por lo menos tres deposiciones en 24 horas.

La leche materna es medicina pura. Cuando tengas la suficiente, úsala para quitarte las manchas del cutis, para limpiarle los ojitos a tu bebé si se infectan, para abrirle la naricita si se resfría, etc.

Por: Selma Bozanic

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