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Las Guardianas del Silencio

Hace poco platicando con una amiga sobre el embarazo me preguntó cuál es el regalo que consideró que todas las mujeres embarazadas deberían recibir. Para mí sorpresa la respuesta surgió de la cueva más profunda de mi ser: El silencio.



El silencio es la senda de regreso a casa, es la posibilidad de oír la propia sabiduría interior, esa que es igual pero diferente para todes a la misma vez.

En la era de las especialidades, de la tecnología y el exceso de información que alimentan y exacerban el neocortex, el silencio florece cómo una tímida semilla haciendo espacio en la mente y fundamentalmente en el corazón de cada mujer, permitiendo que la sabiduría primal aflore enraizándose en cada espacio del ser.

Nos encontramos en una época en donde los condicionamientos culturales, sociales, familiares han calado tan profundamente que estamos en un punto de desconexión de nuestra sabiduría instintiva, de nuestro cerebro primal que ya contiene dentro de sí la información necesaria para parir, maternar y cuidar a nuestra cría.

Cada mujer que ha vivido un embarazo o está embarazada sabe la cantidad de información que recibe de su entorno, parecería ser que todes tienen un consejo, una recomendación, es como si hubiera un pacto inconsciente en donde al ver una embarazada se activa una reacción automática en donde contamos historias, experiencia que muchas veces la mujer no tiene ningún interés en conocer. La tía, la madre, la abuela, la suegra todes tienen un consejo para compartirle, cuando realmente lo único que tendría que decirse es -busca dentro tuyo, ahí está la respuesta. Confía en tu sabiduría interior, confía en tu cría, confía en tu cuerpo, en tu utera y sin más retirarnos, permitiendo que esa madre descienda los escalones hasta los niveles más profundos de su psique, a su paso y a su tiempo.

Creo que es fundamental y fundante para quienes acompañamos familias gestantes poder crear este paréntesis, este vacío que permita a la mujer y a su pareja encontrar dentro de ellos su verdad, la justa y necesaria, amoldada a la medida de ese bebe por nacer.



El desafío aquí también radica en que quienes acompañamos estos momentos sepamos habitar el vacío, nuestro vacío, hacernos cargo de nuestros silencios, para así poder reconocer los espacios y momentos donde es preciso la intervención del silencio, así sin más, silencio... no preguntas, no respuestas, solo la posibilidad de oír hacia adentro.

Tenemos que aprender cómo acompañantes a sostener el vacío, a abrir el espacio para que esa pareja se anime a adentrarse al subsuelo. No somos los encargados de dar respuestas, quizás podamos ayudar a abrir alguna pregunta, pero sobre todo crear espacios de silencio, de ojos cerrados, de tacto, de contacto.

Sostener desde el silencio es una forma de tejer la urdimbre para que la sabiduría innata de esa familia y su linaje puedan desplegarse.

Es en el silencio donde podemos oír nuestro corazón latiendo, nuestro utera palpitando, nuestro bebe moviéndose. Es el silencio el guía para volver al ritmo del cuerpo, a su fisiología y su sabiduría.

En la era de Google ...silencio

En la era de la tecnología...silencio

En la era de la mente...silencio

En la era de las teorías cada vez más complejas... silencio.

Las guardianas del silencio despertaron y es momento de recordar que la verdad está dentro de cada uno.

Por: Lucia Comojo

Tejiendo la urdimbre


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