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La importancia del parto respetuoso

El vínculo es un sentimiento de unión afectiva y emocional que se va generando poco a poco, incluso antes de la concepción, con el deseo de tener una hija o un hijo.



En realidad, es la magia de los primeros momentos tras el nacimiento del bebé lo que marca la huella más importante en el ser humano: para los padres la plenitud de la emoción, el encuentro íntimo, el instante esperado donde el contacto piel a piel, las miradas, las palabras susurradas en tono acariciante, los silencios, la penumbra, el abrazo, el calor, suponen el reconocimiento del hijo.

Son esos los momentos sobre los que se sostendrá la relación afectiva para toda la vida.

Este periodo de formación del vínculo sucede aproximadamente durante los 45-60 minutos después del nacimiento. Es en estos momentos cuando el bebé se encuentra alerta, tranquilo, con los ojos abiertos y receptivos al entorno. La sensibilidad del bebé está totalmente abierta y ¿qué pasa?: las luces lo ciegan, los ruidos y las voces lo aturden, la pérdida de la presión y el calor del útero aparecen transformados en vacío y frío, no hay contacto, no le recogen ningunas manos, no siente el latido del corazón de su madre, siente un ahogo, tiene que respirar rápidamente porque le han cortado el cordón de forma brusca, se le retira la alimentación y el oxígeno, es como si el mundo al que llega fuese una amenaza mortal. Tiene que aprender todo en décimas de segundo: respirar, independizarse, buscar alimento, chupar, acostumbrarse al contacto con las ropas, a las manos, a la luz...

La técnica invade los momentos afectivos más cruciales, no hemos aprendido lo que significa la espera, el cuidado, el silencio, el respeto al otro. La experiencia de la separación le produce una sensación de vulnerabilidad que quedará grabada en su memoria. Más adelante esta sensación desaparecerá del plano consciente, y quedarán en su inconsciente pensamientos como: “vivir es una amenaza”, “la vida es dolor”, “la vida es soledad”.

Si la vida es tan preciada, ¿por qué no cuidarla con mimo, respeto, tranquilidad y precaución, observando cuáles son las necesidades del bebé y los padres? Aplicar estos cambios simples implicaría TRANSFORMACIONES radicales en nuestras actitudes en la asistencia, en el enfoque de la maternidad y la paternidad, en nuestra manera de entender la salud y, sobre todo, en la manera de vivir la VIDA.

Solo necesitamos paciencia y modestia, silencio, una atención ligera pero sin fallos. Algo de inteligencia, preocupación por los otros y abandono de sí mismo... ¡Ah! casi se me olvidaba, se necesita AMOR. Sin amor la destreza no basta.

Maite Gómez

Comadrona – Centro Vidar

http://partoencasa-vidar.es

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