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El rol del padre

Durante millones de años el ser humano ha ido modelando sistemas sociales que le han permitido sobrevivir en la naturaleza, dominarla y ponerla a su servicio.


Foto: Johan Bävman

Hace algunos miles de años, con el descubrimiento de la agricultura y la domesticación de plantas y animales, el ser humano pudo hacerse sedentario y empezar el increíble proceso de complejización social que nos ha llevado a las sociedades actuales.

Los roles que el hombre y la mujer fueron asumiendo, en principio, respondían a las características básicas de cada género. Por un lado, se tenía a un hombre con mayor fortaleza y capacidades físicas y, por el otro, a una mujer con la capacidad de albergar la vida, parir, alimentar y cuidar a las crías. No es sorprendente que las mujeres hayan adoptado el rol de la crianza y el cuidado del hogar una vez que este se constituyó en la historia humana, y tampoco es sorprendente que, con el paso de los siglos, el rol del hombre haya estado vinculado a la protección de la familia y la obtención de los recursos necesarios para la subsistencia.

Foto: Johan Bävman

Es natural que mientras se espera a un nuevo hijo, la mujer (que lo contiene) pase por una experiencia totalmente diferente a la del hombre, que observa y se vincula a su manera en el maravilloso proceso. Es normal que mientras la madre entrega todo su ser y energía vital al proceso del embarazo, el hombre esté pensando en cómo resolver la subsistencia de ambos en el futuro. Su rol natural es el de protector y proveedor, pero la historia -que ha seguido su curso natural por miles de años- en la sociedad actual, alejada de la naturaleza y del diseño humano, nos permite jugar con muchos de estos roles naturales, invertirlos, compartirlos o negarlos, si así lo queremos.

Por primera vez en la historia humana, podemos decidir si queremos tener hijos o no, y tenemos las herramientas para lograrlo; también podemos decidir qué roles queremos asumir dentro de la familia. Y resulta que, por primera vez, una inmensa población de hombres de las ciudades del mundo, no tienen guerras a las cuales ir a morir para defender la patria y la familia, y que los alimentos no deben perseguirse con lanzas.

Nos encontramos en un paradigma en el que la superioridad física no es tan importante como lo fue en la historia. Los roles del hombre y de la mujer pueden, hasta cierto punto, fluctuar y cambiar; los hombres ahora pueden quedarse en casa, pues no es necesario arriesgar la vida; la liberación femenina, por otro lado, ha hecho que los hombres tengan también, por primera vez, la posibilidad de compartir la responsabilidad de la obtención de recursos para la supervivencia. Es decir, el hombre se encuentra en una situación totalmente nueva en la historia humana, tiene hoy en día, de manera masiva, la oportunidad de quedarse en casa, estar en paz, organizar su núcleo familiar para aprovechar a su familia, compartir la crianza de sus hijos, puede verlos crecer cada día, vincularse profundamente en su desarrollo, estar presente y aprender lo que esos niños han venido a enseñarle.

Por: Selma Bozanic

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