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  • Alobebe

El desafío de un hogar monoparental

Actualizado: 10 de jul de 2019

Hace varios años que el trabajo de mi esposo incluye viajes. Básicamente, desde que regresamos de Londres a Lima con mi pequeña familia de ese entonces, mi esposo se ausenta varias veces al año en cortos y no tan cortos viajes.



Desde la primera vez que Kira y yo nos quedamos solas comencé a sentir una tremenda admiración y empatía por los padres de familias monoparentales. Es un desafío gigante.
No solo las cosas administrativas del hogar se tornan complejas sino, y sobretodo, el desgaste emocional de criar un niño en soledad es enorme. Ahora imaginen criar tres. Allí estoy yo.
 Sin embargo, y a pesar del desafío que implica la soledad monoparental, yo tengo muchísima suerte, mi esposo, inshallah, volverá sano y salvo cada vez a tomar la posta y ayudarme a criar a estos seres humanos maravillosos.

Hay miles de familias en este país cuyas cabezas están y seguirán solas. A ellos y ellas toda mi simpatía y respeto.
 En Perú se calcula que el 24% de niños crece solo con un padre y el 10% sin ningún padre. Así mismo alrededor del 51 % de los hogares incluye parientes de familia extensa, es decir, tíos, tías, abuelas, abuelos, primas, etc.
 En el mismo camino, cerca de medio millón de madres peruanas son solteras, registrando los departamentos de La Libertad, Arequipa y Piura el mayor número de madres que se encargan solas del cuidado de sus hijos en el interior del país, según una investigación realizada por la ONG Ciudadanos al Día (CAD).


Cuando hablo de mi experiencia monoparental lo hago solo desde el punto vista emocional y estratégico, lejos estoy de sostener económicamente sola a esta familia. Eso ya es para los laureles mayores.
 Muchas veces he escuchado a mi abuela decir que éste es un país de mujeres valientes y le creo, no es que los hombres no lo sean, pero tenemos un porcentaje bastante alto de mujeres sacando adelante a sus familias completamente solas.

Según el INEI, a nivel nacional, 487,321 madres son solteras, constituyendo el 7% del total de madres, frente a las casadas (43%), convivientes (34%), viudas (8%), separadas (7%) y divorciadas (1%). 
Lima Metropolitana cuenta con el mayor número de madres solteras (182,466), seguido de La Libertad (27,167), Arequipa (25,970), Piura (22,394) y Callao (22,147).


Me pregunto si, muy aparte del tema económico, tendrán los mismos desafíos que enfrento yo cuando mi esposo se va. El de tener tres críos hambrientos de afecto al mismo tiempo, cada uno con demandas muy particulares; la primera debatiéndose entre la matemática y la pubertad incipiente; la segunda pidiendo a gritos apapachos, lecturas al dormir y negándose a dejar de ser bebé; y el tercero enganchado a la teta y los pelos de la madre. Termino absolutamente fulminada.
 Cuando lo pienso bien, mi esposo es una gran ayuda pero aun cuando llega tarde de la oficina, es decir, cuando llega y ya los tres niños están acostados, es igual de importante para mí: hay un adulto con quien hablar, hay alguien a quien contarle mi día y que me cuente el suyo. Ese solo intercambio me salva de la locura.


Lo que más me sorprende del tema de la monoparentalidad, sobre todo de aquella liderada por la mujer (solo puedo hablar desde mi experiencia), es la crueldad del resto de la sociedad a la hora del juzgamiento. A lo largo de los años de experiencia esporádica de maternidad soltera he recibido todo tipo de juicios, sobre todo de otras mujeres, cuchicheos, levantadas de ceja: “seguro el marido la dejó, ¿qué habrá hecho pues?, ¿serán los tres del mismo?, ¿qué horror?” o por el estilo. Más de una vez me ha tocado acallar los bramidos de alguna de mis hijas en un brazo y bolsas de compras en el otro y solo recibir las miradas aterradas de madres semi perfectas en la fila del súper. Y ahora que tengo otro bebé es como si me hubiera auto sentenciado al silencio y aceptación, porque cada vez que levanto mi voz diciendo, “asu madre qué tal chamba era esto” aparece alguien, desde cualquier rincón diciendo “¿no era lo que tu querías?, ahí está pues, un bebé es trabajo”, como si no lo hubiera sabido al buscarlo.


En fin, esta es mi pequeña catarsis frente a la ausencia de mi compañero de vida. Cada vez que se va lo aprecio más y admiro más a todas las mujeres de mi vida y del mundo, a las que se cargaron una familia al hombro solas y a las que lo hicieron acompañadas también. Agradezco todos los días que las cosas estén cambiando, que algunos hombres ahora críen con nosotras y que su ejemplo haga que nuestros hijos busquen crear una familia donde las responsabilidades estén compartidas.


Por: Andrea Bettocchi

miradademamut.wordpress.com

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